Lalita 2007 el Viaje continua.
Siempre han existido pioneros, exploradores de nuevos mundos exteriores e interiores, colonos de espacios vírgenes que un día deciden cambiar la dirección de sus vidas y se adentran en lo desconocido para inventar un nuevo modelo de relación con uno mismo, con el otro y con la Tierra. Son buscadores de una armonía entre el cuerpo, el alma y el espíritu.
Ya no nos acordamos si han pasado 10, 12 o más años, desde que se plantó la primera semilla en Lalita, el tiempo es demasiado relativo para prestarle excesiva atención.
Lo que si recordamos es que fue una semilla de asombro ante tanta belleza; la naturaleza fluía libre como inalterada por el hombre, arroyos con voces aun hoy puras, tierras fértiles, bosques que dialogaban con el viento y con quien atendía su leguaje. Nos enamoramos y nos quedamos a vivir a las faldas de la montaña. El espíritu de la naturaleza soplaba permanentemente recorriendo las estaciones y Lalita nació de ese encantamiento con el valle. Quedamos preñados de una necesidad de compartir tanta belleza, de disfrutar en común de esa enseñanza silenciosa. Y así comenzamos a construir Lalita.
Hemos compartido con personas de todos los rincones del planeta; la familia de Lalita, que custodia el lugar y sirve a los que se acercan, ha cambiado muchas veces de hermanos , pero el principio sigue siendo el mismo, la convivencia como práctica de aprendizaje de uno mismo, el espejo del otro reflejando una y otra vez lo real y lo ilusorio.
Hemos tenido el privilegio de aprender con maestros venidos de todas las escuelas, atraídos por un templo natural que está abierto a todas las enseñanzas. Gracias a ellos hemos cambiado nuestra manera de observar al mundo, tantas veces, tantas quedan, que es otra de las facetas que Lalita quiere seguir compartiendo: La continua depuración de un alma que se atreve a seguir una senda señalada.
Queremos seguir viviendo en el aula magna de la Naturaleza, aprendiendo en la escuela de la convivencia, y transcendiéndonos en la universidad del espíritu.
Queremos seguir sirviendo a cada uno de los que lleguéis hasta aquí, hasta esta montaña que nos acoge, serviros con la sinceridad que tenga nuestra alma en ese momento y celebrar juntos este insondable misterio del don de la existencia.
Bienvenidos a un nuevo ciclo...
Beatriz de Sálama.



